Homilías Monseñor Guy Charbonneau

Estamos en el primer domingo de julio, que es el mes vocacional. Ayer se vivió la Asamblea diocesana de Pastoral Vocacional, en La Colmena. Había un tema central, tomado del título de la última exhortación apostólica post sinodal del Papa Francisco: "Cristo vive". El domingo próximo, 14 de julio, será el día del Seminario Menor San Pablo VI: habrán muchas actividades y están invitados todos. Durante la misa, a las 11 de la mañana, tendré el gozo de dar la candidatura  a dos de nuestros seminaristas: Marcos Trujillo y Darwin Martínez.

Este domingo está marcado por la alegría. El profeta Isaías nos invita a alegrarnos con Jerusalén, que él ve como una ciudad que respira paz y prosperidad y que será como una madre que alimenta a sus hijos. "Al ver esto, dice el profeta, se alegrará su corazón y sus huesos florecerán como un prado". En estos tiempos de crisis y dificultad, las pequeñas alegrías que vivimos son una invitación a descubrir que el Señor está presente en medio de nosotros y nos ofrece su consuelo.

Para el evangelista Lucas, el tema de la misión es tan importante que él nos presenta dos relatos de envío misionero: el primero es el envío de los Doce Apóstoles; el segundo - el de hoy - es el envío de los setenta y dos discípulos. En este evangelio Jesús se preocupa por formar a sus discípulos. Les da instrucciones y los envía a la misión. Les regala no sólo un método de trabajo, sino también una espiritualidad.

1) Los envía de dos en dos, porque la unidad de los misioneros en la diversidad es un testimonio que muchas veces habla más que las palabras. Para Jesús, es de suma importancia el respeto y el amor mutuo entre los cristianos.

2) "Los mandó, por delante, de dos en dos a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir". Los misioneros abren el camino al Señor, preparan a la gente para que reciba al Señor. En las visitas de casa en casa que hacemos, no debemos anunciarnos a nosotros mismos, sino al Señor.

3) El Señor les exhorta a orar al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. La oración por las vocaciones es muy importante y debe tener un lugar preferencial en la vida de nuestras parroquias y comunidades, especialmente cada jueves, el día de la Eucaristía y del sacerdocio. Les invito a orar para que nuestros seminaristas descubran la alegría de seguir a Jesús y sean continuamente sus buenos discípulos misioneros. El Papa decía la semana pasada: "La oración siempre despierta sentimientos de fraternidad, rompe barreras, cruza fronteras, crea puentes invisibles pero reales y eficaces, abre horizontes de esperanza". Nuestros 34 seminaristas mayores diocesanos y nuestros 10 seminaristas menores necesitan su oración y su apoyo. Cuando un seminarista siente que su comunidad y su parroquia oran por él, se siente fortalecido y lo piensa dos veces antes de fallarle al Señor.

4) Como cristianos, el Señor nos pide que nos pongamos en camino: quiere sacudir nuestra comodidad, quiere despertarnos de nuestra somnolencia. "Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos". Nuestra misión como cristianos no es nada fácil. Somos frágiles humanamente y emocionalmente. Hay muchas fuerzas adversas, en las que prevalecen los ídolos del poder, del placer y del tener. Los lobos comen fácilmente los corderos. Jesús mismo ha sido crucificado. Pero de nuestra debilidad proviene nuestra fortaleza. Como seguidores de Cristo, nos gloriamos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, como lo hacía san Pablo.

5) La misión no se hace desde el poder y el dinero, sino desde la pobreza. "No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias". ¡Difícil, verdad, porque nuestras maletas para viajar están llenas! La pobreza voluntaria habla por sí misma. El misionero recibe la hospitalidad de la gente, comparte la mesa de los pobres y visita a los enfermos. El Papa nos exhorta a ser una Iglesia en salida misionera, pobre para los pobres. Esta semana, participé en el primer encuentro misionero de Centro América. Una señora me compartía que los laicos comprometidos de su parroquia salen a misionar un día a la semana. Ese espíritu de pobreza es compatible con el uso de la tecnología digital para evangelizar. Como Iglesia, nos falta mucho para dar un mensaje profético en las redes sociales. Los jóvenes nos pueden ayudar mucho en esto.

6) ¿Qué debemos anunciar? Jesús lo dice dos veces: "Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios". Algunos grupos no católicos dicen que ya estamos en los últimos tiempos, que ya viene el Señor. Como católico creo que ya está presente el Reino de Dios en Jesús y cada vez que practicamos la caridad, pero que no ha llegado todavía a su plenitud.

7) El regreso de los misioneros está marcado por la alegría, primero porque han cumplido el encargo que les había dado el Señor, luego por el efecto que el mensaje ha surtido entre el pueblo: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre". Pero Jesús no quiere que se vuelvan orgullosos con sus éxitos apostólicos. Les dice: "Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo".

Vale la pena que ustedes vuelvan a reflexionar personalmente y en familia sobre este evangelio. ¿Qué les dice? ¿En qué les puede ayudar a ser mejores cristianos?

Por mi parte creo que somos misioneros por el hecho de haber sido bautizados. Somos bautizados y enviados a la misión por Jesús, en la familia, en la comunidad, en la escuela, en el trabajo. Por ejemplo, nuestra Iglesia de Choluteca está lanzando por primera vez en este mes de julio la campaña infantil en algunas escuelas a lo largo de todo el territorio de la diócesis. Esta campaña se dirige a todos los niños, no tiene un fin proselitista. Su objetivo es hacer vivir a los niños un valor humano y cristiano. Este año, el valor que ha sido escogido es la familia. Oremos para que esta campaña produzca muchos frutos y que el Señor fortalezca nuestras familias en todo sentido.

¡Que nuestra Eucaristía de hoy sea un signo visible de nuestro deseo de ser misioneros ahí donde tenemos los pies! Amén.